NOTAS DE PRODUCCIÓN

Por Kurt Tuffendsam

Me gusta comparar hacer cine con un aterrizaje forzoso controlado. Deseas tener el mejor elenco y equipo técnico a tu lado en la aventura, ya que hay que superar obstáculos significativos a cada paso del proceso y en cualquier momento la balanza puede irse de un lado y hacer que todo el proyecto se caiga estrepitosamente. Esto se multiplica diez mil veces más cuando no se cuenta con suficiente dinero.

Todo estaba en contra nuestra desde el principio, pero algo increíble estaba sucediendo. A cada paso nos encontrábamos con talento increíble que se nos unía, gente dispuesta a arriesgarse a los peligros de la filmación de una película sobre narcotráfico en Tijuana, a pesar de la falta de tesoros terrenales para recompensarles su arduo trabajo. Todos tuvimos la sensación desde el principio de que esta historia necesitaba ser contada, sobre todo en medio de la creciente cifra de muertos resultado de la violencia generada por el cartel mexicano de la droga, aparte del despojo de la poca esperanza de que algo pudiera cambiar.

A medida que nos embarcamos en este viaje, una mayoría de nuestro elenco y equipo técnico se nos unió en Tijuana. Había un gran sentido de unidad entre nosotros a pesar de nuestras diferencias culturales y lingüísticas, dado el propósito de llevar esperanza a la gran pantalla a través de la producción de este film. Iglesias locales, negocios, y muchas personas contribuyeron con donaciones, utilería, vehículos, alimentos y cualquier cosa que necesitáramos, sólo con escuchar la historia de Esteban y al enterarse del movimiento de liberación de la adicción y del tráfico de drogas que estaba ocurriendo en su propia ciudad.


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COMENTARIO DEL DIRECTOR

Por Adam Watson

Pienso que mucho del arte Cristiano que fue popular y que ha permanecido así por mucho tiempo debió esta condición a que era evocador, hermoso, brutal e inquebrantable; reflejaba la vida en toda su belleza y depravación. Especialmente durante el siglo pasado los artistas cristianos parecían haber perdido su brújula. Su arte se transformó en algo aburrido, de mal gusto y poco realista. Como resultado, ha perdido su relevancia para la mayoría. La vida no está esterilizada y tampoco lo debería estar el arte que la refleja.

Por eso fue que cuando me ofrecieron dirigir Los Traficantes estaba más que preparado para saltar al ruedo. El productor Kurt Tuffendsam quería contar una historia con substancia, fiel a la vida y que sería relevante. Mi decisión de unirme al proyecto fue tomada aún más por lo atractivo del tema, Esteban Mendoza, cuya historia real de redención verdadera es tan inspiradora dentro del contexto de extrema violencia y corrupción de los carteles mexicanos de la droga, que engloba perfectamente a la condición humana y nuestra definitiva necesidad de Dios.

Y lo más importante, yo sabía del impacto que esta película podia tener, un mensaje real de esperanza para la gente de México y un llamado de alerta para el mundo circundante. Es mi misión a largo plazo con este film, que la audiencia lo sienta y les llegue, que les sirva de inspiración para cambiar.